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CONTENIDOS
CAPITULOS DEL LIBRO ORATORIA CONTEMPRÁNEA: (click en un título para ampliar)

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AJUSTE DEL TIEMPO

¿Cómo se organiza en general una conferencia? Habitualmente surge de una inquietud. Un determinado grupo humano –en el Club, en la empresa, en el Hospital– manifiesta al organizador el interés de recibir información sobre un tema específico. El organizador conciente de su responsabilidad, buscará a la persona más autorizada a su alcance para ofrecerle la tribuna. Y allí se inician las conversaciones. El elegido agradece la distinción de que ha sido objeto, y comienza a ultimar los detalles: día, hora, lugar, tipo de auditorio, tiempo y tema. Todo es conversable en este primer acercamiento. Se puede casi siempre conciliar la fecha, adaptándola a las posibilidades y sobre todas las cosas se puede conversar sobre la factibilidad de desarrollar un tema en el tiempo previsto. Nadie mejor que el experto puede informarnos si debe haber una modificación, corte o límite en el mismo.

Por ejemplo: en los primeros meses de este año, y a sugerencia de las numerosas familias con hijos que habitan en el mismo predio donde tengo mi casa, invité a la médica psiquiatra Dra. Mónica Oliver a que nos diera una charla sobre los conflictos emocionales de los niños en las distintas etapas de su infancia. La doctora aceptó complacida la invitación, pero me sugirió limitar el tema a una determinada edad o multiplicar las charlas para abarcar todas las edades del niño. Hasta ese momento nosotros solo habíamos recibido invitados para conferencias unitarias. Pero planteado así el problema entre todos resolvimos preguntarle cuántas charlas serían necesarias para satisfacer nuestras inquietudes. La doctora nos sugirió cuatro pláticas, una por semana, que abarcarían al niño en el 1er. año de vida, al niño en edad preescolar, al niño en edad escolar y pubertad y adolescencia. Fue entonces un curso, no ya una conferencia, pero la Dra. Oliver a través de su experiencia colmó con creces nuestras expectativas, y sus charlas fueron altamente provechosas para los padres de los niños de distintas edades. Para todos fue fácil comprender que hubiera sido un despropósito pretender abarcar todo en una sola sesión.

Quien no conoce el Museo del Vaticano puede ser que le pida a un guía que se lo muestre en una mañana, cuando quizás no lo lograría en una semana. Con seguridad un guía responsable hará más placentera y útil la experiencia sugiriéndole al visitante que le indique su especial interés, y dedicando al mismo las pocas horas que dispone.

Esto es válido para todo el tema, ya se trate de una discusión parlamentaria, una clase en la Universidad, o una conferencia de arte moderno. Antes de aceptar su compromiso, usted debe limitar o seleccionar su tema y reducirlo a la extensión conveniente para ajustarse al tiempo que dispone. No se equivoque. Si pretendió mucho, abarcará poco, defraudando a quien lo escuche.

Por las razones expuestas, aconsejamos en forma de premisa:

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LIMITE SU TEMA
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La conferencia, o su bosquejo en ideas debe escribirse según hemos visto en el capítulo de planeamiento. Entonces viene el momento de practicarla, leyéndola primero en voz alta y repitiéndola después con sus palabras, según el orden establecido. Sincronice en ese momento si su trabajo se ajusta al tiempo previsto. No olvide calcular los minutos que lleva el uso de los apoyos visuales.

A propósito de esto, tengo como muy grato el recuerdo de una conferencia que nos dio el Dr. Elías Alterman hace unos años. Cuando hablé con Alterman para invitarlo, le conté de nuestro curso de oratoria, y le anticipé que íbamos a evaluarlo con nuestro "score" para rescatar todo lo positivo que seguramente sacaríamos de la forma de desarrollar su plática. Lo que ocurrió fue que este eximio docente trajo su charla tan organizada y clara, que cuando promediaba la misma proyectó entre sus diapositivas una que decía "mitad de la conferencia", e hizo la aclaración que como sabía que estábamos juzgándolo quería ajustarse estrictamente al tiempo que se le había asignado.

Esta simpática ocurrencia de Alterman nos permitió comprobar con cuánto respeto y dedicación había preparado el tema "radiología ósea", que fue por otra parte, el mejor ejemplo de elocuencia didáctica que recibimos en todo el año.

Según hemos visto, la conferencia consta de tres partes: introducción, cuerpo y conclusiones. Como veremos, cada una de ellas es igualmente importante, aunque se le destine diferente tiempo cronológico. La introducción y las conclusiones juntas, son de corta duración, mucho más breves que el cuerpo.

Es necesario tener presente que quien vino a escucharlo cerrará su mente en el tiempo previsto. Todos tenemos mucho que hacer. Nuestro tiempo está casi siempre cronometrado, y si disponemos de 19 hs. a 20 hs. para escuchar una conferencia, a las 20,05 hs. empezaremos a preguntarnos a qué hora se callará el disertante y si no será mejor retirarse subrepticiamente del salón. Aunque no lo hagamos, estaremos ya mal predispuestos para atender. Y probablemente perderá el orador a su público en el momento tan importante de las conclusiones, cuando se dispone a redondear su conferencia, puntualizando las premisas de real y positivo valor, extraídas de las ideas desarrolladas.

Si debe terminar a las 20, cierre su conferencia cinco minutos antes, sorprenderá agradablemente a su auditorio, y lo encontrará complacido de participar en el tema, aportando su inquietud y su experiencia.

Cualquiera de nosotros puede recordar excelentes conferencias que nos dejaron con ganas de seguir escuchando. Y seguramente nos olvidamos otras disertaciones interminables, en las que parece que el orador va a concluir cuando realiza una pausa y resulta que no es así, que continúa sin mirar el reloj, martirizando a los pocos oyentes que no abandonan la sala por un principio de elemental delicadeza.

Una buena práctica será que el disertante coloque sobre la mesa su reloj para controlar la duración de la conferencia, teniendo cuidado de consultar con toda discreción, para terminar la exposición en el tiempo previsto.

También es cierto que hubo oportunidades –las menos– en que nuestros invitados ajustaron tan mal su tiempo, que se les acabó el tema a los veinte minutos en una conferencia prevista para una hora. Pocas veces me sentí tan mal como organizador del curso. Me imagino cómo se habrán sentido ellos sin nada más que decir, cuando los más rezagados acababan de sentarse.

El ajuste del tiempo significa eso, ni más ni menos. Justamente lo que estaba programado y esperado.

Cuando Michael Aun ganó el premio mundial de disertación pública que otorga Toastmaster International de Vancouver en 1978, habló de su descalificación previa en Toronto el año anterior, porque se excedió ¡8 segundos! en el tiempo asignado. Sin embargo aceptó humildemente su derrota anterior al recibir este premio con una frase muy lograda: "He tenido que pasar por Toronto para llegar a Vancouver".


tiempo en la oratoria

 

 


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