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CONTENIDOS
CAPITULOS DEL LIBRO ORATORIA CONTEMPRÁNEA: (click en un título para ampliar)

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CONCLUSIONES

La experiencia de un orador es más notable en el comienzo y en el final de una conferencia. Sin duda son los momentos más importantes y más difíciles, y también los más descuidados por los inexpertos.
Un final debe ser preparado con tiempo.
Dejémoslo como premisa.


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EL SILENCIO FINAL TAMBIEN SE PREPARA
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Esta frase que no es mía, sino de uno de los autores consultados, es de por sí muy elocuente. No se concibe que un orador termine sorpresivamente su discurso y se retire. Esto puede resultar tan desagradable como abandonar una reunión cortando una interesante conversación, sin despedirse.

En estos breves minutos de la conclusión se arriesga todo lo que pudo haberse logrado en la exposición. Lo que suele ocurrirle al orador inexperto, es que después de un gran esfuerzo de recopilación de datos y experiencia, y a veces de un correcto planeamiento de la conferencia, deja librado a la improvisación el cierre de la misma. Y es así cómo surgen los lugares comunes que deslucen y le restan merecido brillo a la tarea realizada. "Bueno, creo que no tengo nada más que decir …"; "Habría muchas cosas más que decir, pero no tengo más tiempo …", etc. O si no otras veces nos damos cuenta de que el orador terminó, por su mirada al director del curso o porque abandona la tribuna sin más.

En una conferencia bien elaborada, la conclusión debe llegar cuando el orador no tiene nada más que decir sobre el tema que se propuso abordar, y que concientemente ha limitado hasta agotarlo. El público también debe entenderlo así, aunque no se le anuncie que la conferencia ha terminado, y solo falta enunciar la conclusión.

Por la habilidad del orador debe estar implícito el fin de la conferencia, sin anunciarlo.

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NO ES NECESARIO ANUNCIAR QUE TERMINA NUESTRA CONFERENCIA
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La conclusión o peroración no debe ser larga. Su valor radica en su sencillez y claridad. Nunca debe dejarse para el final el aporte de un nuevo pensamiento accesorio o complementario. Lo que no se dijo en su momento no se puede decir en la conclusión.

Entiéndase. Esta parte tan importante de la conferencia merece especial dedicación y respeto. Debemos terminar nuestra conferencia completamente, y cuando ya nada quede por decir, es el momento de la conclusión. Al finalizar el desarrollo del tema, el orador deberá hacer una pausa, anunciadora de la peroración, y solo entonces decirla, teniendo cuidado que hasta el tono de su voz denote el cambio.

No hay reglas fijas sobre la forma de elaborar la conclusión. Con la conferencia terminada en toda su preparación, meditaremos el final apropiado, poniéndonos en el lugar de quien nos escucha, en sus intereses, en sus inquietudes, en sus emociones.

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PARA ELABORAR LA CONCLUSIÓN, CONVIÉRTASE EN EL AUDITORIO
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Vamos a considerar algunos ejemplos posibles de conclusiones
Puede ser resumiendo lo dicho.

Comenzar por el fin, y repetir todo al final. Este principio lo vemos permanentemente practicado por el periodismo moderno escrito o televisivo. Se comienza con el resumen de lo que se va a decir, en pocas frases, se desarrolla después ampliándolo y explicándolo, y se sintetiza lo dicho al final.

Muchos oradores, habituados a la expresión escrita, recusan la repetición. En la expresión oral es indispensable. Repita sin temor, con fuerza y se mostrará conciente y responsable, y ayudará a fijar en la mente de los oyentes las premisas de valor que usted considera importante recalcar.

a) Puede ser agradeciendo o elogiando con sinceridad.
Mucho de lo que aquí decimos no es más que un ejercicio de sentido común. Cuando hace casi cuarenta años me tocó viajar por la provincia de San Luis, en un plan de docencia para el tratamiento de la deshidratación, muchos de los médicos ya mayores que fueron a escucharnos, viajaron desde puntos muy distantes, por caminos difíciles y dedicándonos esas horas que podían ser de descanso de su fatigosa tarea de médico rural, a veces único en una vasta región. La conclusión de mis charlas fue una emotiva reflexión sobre el valor de su trabajo, y un sincero agradecimiento por haberme escuchado con atención y respeto.
Ahora, después de tanto años, recuerdo esto que no es más que un ejemplo de esta forma de conclusión que proponen los tratadistas modernos, y para la que solo se necesitó pensar en el auditorio, sus intereses, problemas y emociones.

b) Puede ser motivando a la acción.
Un final elaborado para llamar a la acción, lograr que el público haga algo determinado: una donación, la firma de un petitorio, la declaración de un plan de lucha, el compromiso de colaborar en un proyecto, etc.
Para motivar a la acción, debe haberse establecido primero un área emocional común entre el orador y su auditorio. En este tipo de conclusión no sirven los argumentos racionales que son útiles para la razón, pero no para la acción, que se motiva en los sentimientos. "El corazón tiene razones que la razón no comprende" (Pascal).

c) Puede ser con una cita o un ejemplo.
Sin duda esta idea es de valor. Naturalmente de acuerdo con las circunstancias, puede ser positivo el cierre de un discurso o de una conferencia con una frase vigorosa, una fórmula valiente o una cita elocuente a propósito del tema.

Dentro de mis lecturas sobre oratoria, hace poco tiempo –septiembre del 97– leí con detenimiento el libro del Profesor Manuel Couto Rodríguez, y reparé en unos esquemas sobre intensidad comunicativa, que me parecieron muy interesantes.
Dice Couto Rodríguez:
"La intensidad es como una música de fondo oculta en la composición de su discurso, que imprime dinamismo a su intervención".
A continuación analiza los distintos tipos posibles de estructura, que podemos sintetizar y adaptar como sigue:


intensidad comunicativa en la oratoria

El primer ejemplo es claramente desaconsejable.
En el segundo ejemplo se imprime un grado de intensidad medio - alto en la introducción. Frases vivas, cortas, importantes (Shock técnico).
Se realiza una pausa.
Al iniciar el cuerpo de la disertación la intensidad disminuye. Ya tengo conmigo al público interesado en el tema. Bajo el tono, disminuyo el ritmo. Pretendo la concentración, pero evito el agotamiento de una atención extrema.
Observe en el tercer diagrama que en la línea de intensidad en que se desarrolla el cuerpo hay unas cuñas (banderines). Rompen el ritmo y despabilan a los oyentes. Puede ser una anécdota simpática o un dato espectacular, nuevo o revelador.
Intente sorprender al público.
Acto seguido se retoma el ritmo anterior.
Y en el desenlace se sube al punto más alto de intensidad, notable hasta en el tono de voz, los gestos, las frases cortas contundentes y brillantes.
Afirma Siegfried: "Hace falta mucho arte para terminar con una fórmula que resuene netamente como una puerta al cerrarse".
Esta es sin duda la manera más profesional y efectiva de comunicar un mensaje. Pero se necesita mucha práctica y experiencia.
El esquema número dos es también válido y más sencillo.
Se empieza con una introducción de intensidad media - alta.
Continúa con una intensidad media - baja.
Finaliza con una intensidad similar a la de la introducción.
Este esquema es más fácil, pero menos espectacular. Recomendable para el principiante.
Como se puede observar, va "in crescendo".
Empieza con una intensidad media, y al final alcanza el nivel más elevado.
Es el esquema más difícil, y requiere mucha práctica y ensayo. Es más para una actuación que para una disertación.
El último esquema es el que debe evitarse.
La exposición que sigue este esquema se presenta sin fuerza. Se desarrolla con monotonía, y termina sin entusiasmo. Está en contra de todas las reglas de la oratoria actual. Pasó sin pena ni gloria. Nadie será capaz de recordarla.
En el esquema siguiente se muestra cuál debe ser la distribución temporal en relación a la importancia de cada una de las partes de un discurso.


importancia del tiempo en la oratoria


relacion importancia tiempo en la oratoria

Como puede verse la importancia de la introducción, el cuerpo y la conclusión es similar; pero la asignación en tiempo es totalmente distinta. Por lo tanto la elaboración de la introducción y las conclusiones (solo el 20% del tiempo) deben ser especialmente cuidadosas. Debe aprenderse casi de memoria, concientizando según hemos visto en los esquemas, la importancia psicológica que poseen. Hay una máxima antigua, que tiene plena vigencia en oratoria contemporánea:

Discurso mediocre + buen final = buen discurso
Buen discurso + mal final = mal discurso

 

 


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